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¿Quién soy?

Historia 

Hola, soy Gerardo Krish, estudié ingeniería mecatrónica en una reconocida universidad en Costa Rica, donde crecí después de haber migrado desde mi país de origen, debido a diferentes situaciones políticas, económicas y familiares, que nos llevaron a mí y a mi familia de la riqueza y la compañía familiar a la pobreza y la soledad en un país desconocido.

 

Cuando uno es niño no entiende muchas cosas del mundo de los adultos, sobre todo en lo que respecta a las cuestiones económicas y las responsabilidades en el hogar; sin embargo, es imposible no percatarse del cambio tan drástico que pasamos, de apartamentos finos y costosos a una casita con un solo colchón en el piso para los cuatro.

 

Con el paso del tiempo uno se da cuenta que la vida es eso, una línea continua de cambios que constantemente nos pone a prueba y marca nuestro sentir de acuerdo a las decisiones que vamos tomando, las cuales se van afianzando y van formando y fortaleciendo nuestro carácter.

 

He aprendido que la naturaleza es muy sabia y como dicen las culturas ancestrales: "solo debemos aprender a observarla";  la vida es como una bola de nieve, si decidimos sentirnos bien aprenderemos a sentirnos bien normalmente, y por mantener esa decisión y esa sensación de bienestar nos habituaremos a sentirnos bien y a pensar bien; es allí donde de hecho subyace la decisión, en el pensamiento. Caso contrario, si decidimos pensar mal, vamos a sentirnos mal, aprenderemos  a reaccionar mal y como un hábito, todo en nuestra vida estará mal. La bola de nieve que empieza con un pensamiento que decidimos mantener constante en nuestro interior va creciendo tanto, que se convierte en las acciones que conforman los hábitos de nuestro día a día.

 

Pese a la pobreza, pienso que fue lo mejor que pudo haber pasado; ya que mis padres que siempre trabajaban y tenían tantos compromisos sociales, ahora podían dedicar más tiempo a mí y a mi hermana. Recuerdo la primera noche en Costa Rica, en un pequeño cuarto oscuro con piso de cemento, paredes viejas de madera, sin puerta ni ventanas y con la tenue luz de un bombillo amarillo, cuando antes de dormir pedimos a nuestra madre que nos diera el habitual "abrazo del oso" que la ñiñera solía darnos, pero que hasta ese día mi madre no conocía.

 

Esa época fue todo un reto para todos en la familia, no puedo imaginarme lo que podrían estar sintiendo mis padres, cargados de culpas, separación de sus madres (mis abuelitas), familia y amigos, tratando de crear futuro y empezar desde cero, pero ahora con dos niños pequeños y a una edad no tan joven; ya que mi padre emprendió solo el viaje al día siguiente del cumpleaños número cuarenta y seis de mi mamá.

 

Aunque ambos eran profesionales, la validación de los títulos era demasiado costosa para poder trabajar con ellos, y aunque mi madre tenía la posibilidad de volver a su trabajo en su tierra natal, realizó uno de los actos de amor más hermosos al dejarlo todo, por mantener la unión en el hogar y vivir junto a mi padre en Costa Rica, algo que hasta el día de hoy, en silencio le agradezco; mi padre ha sido siempre un gran ejemplo para mí, un hombre muy trabajador y entregado, de corazón noble y hermosa sonrisa, decidido a iniciar una nueva vida y buscar la felicidad que no halló en los cócteles, en reuniones con empresarios y políticos, ni en el dinero; apostó ahora por iniciar un negocio que le permitiera dedicar más tiempo a la familia y a su propia práctica espiritual.

 

De esa manera pasamos de estudiar en el mejor jardín de niños de mi ciudad natal, a la escuela pública del barrio, sufrir bullying por primera vez y hacer amigos con los que hasta hoy mantengo contacto.

 

Una de las grandes lecciones que aprendí en mi infancia gracias a mis padres, es que el amor es más que un sentimiento o una emoción, el amor es una fuerza que trae consigo el verbo de amar, es un sentimiento que se expresa con acciones y que envuelve todos los otros sentimientos, pues aunque a veces hay enojos, rencores o diferencias; el amor sigue permitiendo que los amantes se sigan sirviendo el uno al otro, deseándose entre sí los mejores deseos y bendiciones. Aprendí que la fidelidad en el amor está también en tolerar a la pareja, en ser capaz de sobrepasar los errores y dificultades, en perdonarse y en estar dispuestos a cambiar las actitudes que dañan la relación y causan sufrimiento al amado.

 

Mis primeros años de colegio fueron difíciles, estaba aprendiendo a sobrevivir fuera de la "burbujita" amorosa en la que había vivido; allí marqué mi destino con lo que decidí estudiar, me enamoré por primera vez, hice amigos fantásticos y elegí en bruto la personalidad que quería desarrollar.

 

El trabajo y la universidad me mostraron de forma más amplia el mundo al que me tenía que enfrentar, al tener que tomar la responsabilidad de ser un adulto, muchas cosas cambiaron dentro mi pensamiento y dejé de lado muchos conceptos fantasiosos, como el que las mujeres eran todas seres celestiales e inocentes, para aceptar otros conceptos, como que la condición humana no tiene género y aplica para todos. También, entendí que más allá de la ignorancia, en el mundo existen personas con buenas y malas intensiones, y que nadie es totalmente bueno, ni nadie es totalmente malo. Además, aprendí que en general todos actúan pensando que la forma en la que perciben el mundo es la forma correcta y que aunque de hecho es un error pensar así, es necesario para poder actuar y continuar la vida un día más.

 

A lo largo de la vida he tenido la oportunidad de vivir muchas experiencias, desde vender libros y cantar en la calle, hasta hablar en la Asamblea Legislativa de Costa Rica y dar entrevistas de radio y televisión tanto dentro como fuera del país; lo cual me llevó a reafirmar que la vida es un cúmulo de experiencias en una línea continua de cambios; nuestra consciencia se desarrolla con las experiencias que vayamos viviendo, que la vida es un curso teórico-práctico y que es necesario ir al laboratorio de la emoción para validar lo que dicen los libros de psicología.

 

Finalmente, a inicios del 2020 partí hacía la India con la intensión de viajar unos meses y conocer esa tierra mística, que es tan glorificada por los filósofos y pensadores del mundo, pero por un designio más allá de mi control, terminé atrapado durante la pandemia por casi dos años. En ese período de tiempo, en un país desconocido, sin amigos, sin poder hablar el mismo idioma, sin dinero y viviendo en un ashram, dejando mi mundo, mis metas y proyectos, sin sentir el abrazo de mis seres queridos, ni escuchar sus consuelos; experimenté todos los sentimientos posibles: enojo, tristeza, soledad, miedo, desesperación, deseo, alegría, regocijo, paz, amor, gratitud...

 

En diciembre del 2021 después de pasar por Alemania, pude regresar a casa, pero ya no era el mismo, algo había cambiado en mí y volví a viajar, después de algunos meses por Europa, viviendo y viendo cosas maravillosas con personas aún más maravillosas, regresé a la India desde donde estoy escribiendo este blog, ahora con magníficos maestros espirituales,  amigos y una segunda familia, un nuevo hogar.

 

Desde niño siempre fui amante de la lectura y la escritura, a los siete años pensaba en ser escritor, porque en el mundo de los libros podría ser lo que quisiera; escribí algunos cuentos, poemas y canciones a lo largo de mi niñez y juventud, y retomo este bello arte con la intención de compartir las experiencias y el conocimiento que he adquirido en la escuela de la vida por parte de mis maestros espirituales.

 

Espero les gusten mis publicaciones donde ya no hablaré de mí, sino de temas variados que me han enseñado a cómo ser cada día mejor.

 

Si quieren saber más detalles de la historia no duden de escribirme, contactarme o en preguntar en los comentarios.

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